Clinica Imar

Tengo Endometriosis: Testimonio de una paciente

Conoce más sobre la endometriosis con el testimonio de Yolanda, una paciente que sufre esta enfermedad ginecológica, una de las más frecuentes  en las mujeres.

Endometriosis: Testimonio de una paciente - Conoce su historia

Soy Yolanda y tengo endometriosis. ¿Endo que? Es lo que me dicen siempre que cuento que tengo una enfermedad crónica y también lo que en una mañana calurosa de agosto, me dijo el médico mientras me estaba realizando una ecografía, pero empecemos por el principio.

La regla me llegó, más o menos, como a todas mis compañeras de clase, sobre séptimo de EGB, lo que ahora sería segundo de ESO. Pero, desde entonces, yo ya notaba diferencias respecto a mis amigas, puesto que cuando a mí me tenía que venir, me ponía muy mala, con un dolor continuo que solo conseguía calmar con analgésicos y con calor local. Pero claro, como la regla tiene que doler, pues es NORMAL. Y te lo terminas creyendo, ya que te cuentan que «a mi madre también le dolía mucho», igual que a mi abuela y a la vecina del quinto, con lo cual, al final, te dejas de quejar porque no quieres que te consideren que eres una floja o una quejica. Pero que doler, dolía mucho, vamos, que dolía un huevo.

Hasta que con veintidós años me dio un dolor tan fuerte que casi me parte en dos. Visita a urgencias, donde el cirujano estuvo a punto de operarme de apendicitis, ya que el dolor al tacto era más que insoportable. Pero como las analíticas estaban perfectas me libré de una operación, pero por los pelos. Viendo que algo me pasaba me hizo una ecografía y me derivó para que me vieran en ginecología (ante todo, he sido una paciente con suerte).

Ese día me dieron mi diagnóstico:

– “Esta chica padece endometriosis”
– ¿Endo que?, fue lo que dije al instante.
– Es “Endometriosis”. Tranquila, esto te operamos, se quita todo y ya verás como mejoras.

Bueno, la mejoría duró unos tres meses, porque después de la operación la enfermedad dijo: “aquí estoy yo”. Porque si antes dolía, ahora era peor, de recordarlo se me ponen los pelos de punta.

Ya sé que tengo endometriosis, ¿Ahora qué?

Entonces comenzaron los “Ginepaseos”. Fuimos a ver al doctor de la amiga de mi madre, que es muy bueno; a la ginecóloga de mi prima, que le quitó un quiste y ahora está como una rosa; al de mi vecina, que es una eminencia y al de más allá. Creo que en Murcia llegamos a visitar unos quince, vamos, que el “chichi” estaba más visto que un tebeo. Especialista que nos recomendaban, allí que íbamos mi madre y yo. Como la Pantoja con su madre a los conciertos, no nos dejamos ni uno.

Todos especialistas, pero ninguno con formación concreta en la materia, ninguno que nos diera plena confianza. Y todos coincidían en que tenía que quedarme embarazada lo antes posible.

Vamos, que había que empezar la casa por el tejado. Toda la vida te cuentan que a estudiar una carrera, casarte, colocarte y luego los niños; y yo, así de repente, me saltaba tres pasos. Planificamos antes la llegada de los niños que la propia boda. Pero la boda llegó y los niños… no llegaban, pero lo intentamos por todos los medios: seguridad social, clínica privada, donación de óvulos…pero el resultado siempre el mismo, negativo.

Entre tratamiento y tratamiento hubo pruebas de todo tipo. Dos años después de la primera intervención, llegó la segunda operación de endometriosis, y con ella la primera menopausia inducida. ‘Súper guay’ en pleno invierno con un calor interior como si fuera un volcán en erupción.

Después, otro tratamiento de fertilidad, con sus hormonas que te vuelven “toa loca”. Por no mencionar los pinchacitos de la barriga, más todas las pastillas que te tienes que tomar. Y claro, con tanto trajín hormonal llegó la tercera operación de endometriosis y la segunda menopausia inducida, esta vez con un “caloret” que me río yo de los veranos en Benidorm.

Nada funciona, pero seguimos adelante

Lo siguiente fue donación de óvulos, y lo que psicológicamente conlleva esto, pero siempre a por todas con ganas de conseguirlo y para estar perfecta, pasamos otra vez por quirófano y con esta ya van cuatro, vamos que al llegar al hospital me ponían la alfombra roja como en los Goya, pero tras estar perfecta para recibir el último embrión que nos quedaba congelado. El mismo día antes de ir a la clínica, este no fue para adelante, nos dieron la noticia de que no se podía hacer la transferencia.

Ese día fue si acaso, el más amargo de mi vida. No sería madre, pero seguía siendo mujer, esposa, amiga, hermana, hija, cuñada,… lloré, por supuesto que sí y un montón, pero no me focalice en ello, sino en disfrutar de todo lo bonito que te da la vida, que es mucho más, de lo que la endometriosis te puede quitar.

Mi vida, fue desde entonces, más relajada, vivía en un sin vivir de médicos, reglas, pruebas, tratamientos nuevos, anticonceptivas, vamos que ya podía volver a ser yo de nuevo, pues los últimos cinco años habían sido intensos de médicos y tratamientos.

Todo empezó a ir bien, la enfermedad estaba controlada, los dolores eran pequeños, podía salir y hacer vida sin problemas, pero un día la sombra de la endometriosis volvió de nuevo, pero era otra, no era como antes, dolía diferente y era insoportable.

Esta vez la endometriosis se convirtió en una “Adenomiosis”, vamos que si lo primero es con perdón “jodido” esto es “una caca pinchá en un palo”, era un dolor tan grande que moví cielo y tierra para que me dijeran lo que me estaba pasando. Porque esta vez ya sabía yo que eso no era normal y claro que no, tras un tac con contraste, unas ecografías y unos análisis que marcaban los índices altísimos, sabíamos que había vuelto, pero esta vez por la puerta grande y por la misma, la dejamos salir.

Sería la quinta operación por endometriosis y en la que decidimos hacer una histerectomía total, el ginecólogo limpio toda la zona y dejamos marchar a la regla por siempre jamás.,

¿Cómo es hoy mi día? Seguro que te lo estás preguntando

Hoy día, llevo una vida plena y feliz, rodeada por mi familia, amigos y clientes. Tengo la suerte de dedicarme a mis dos pasiones, los viajes y la cocina, soy Guía de Turismo, con lo que puedo viajar muchísimo, a lugares preciosos y conocer a gente fantástica, que te enseña lo importante que es vivir y disfrutar de la vida te venga como te venga. Por otro lado, te preparo un guiso de rechupete en un momento con la thermomix de cuya empresa soy comercial de ventas.

Para finalizar, no me puedo olvidar de nombrar a mis médicos, pero antes tengo que agradecer a mis dos grandes pilares, que estuvieron conmigo en todo momento. Por un lado, la mujer que me dió la vida, mi madre, que ha estado atenta y ha sufrido incluso, puede que más que yo por esta enfermedad. A mi compañero de viaje, mi marido, cuyo amor por él sería imposible describir en unas líneas, su apoyo ha estado siempre desde el mismo momento que nos enteramos de que las posibilidades de ser padres serían muy difíciles, no dudó ni un instante en mantenerse a mi lado. Gracias mi vida por ser como eres, te quiero.

Sería imposible no nombrar a mis médicos, a los que supieron escuchar cuando les contaba lo que me ocurría y que otros tildaron de que eso era normal:

– Doctores Gilabert, Hospital Casa de la Salud, Valencia. Fueron los encargados de casi todas las operaciones. Además, de ser grandes profesionales son mejores personas, su calidez y humanidad son dignas de elogiar. La calidad de vida que tengo hoy por hoy es gracias a ellos.

– Dra. Pilar Sánchez responsable del área de Endometriosis del Hospital Virgen de la Arrixaca, Murcia. Es una de las mejores personas que conozco y su consulta esta siempre abierta a sus pacientes

– Dr. Eric Saucedo de la Llata, mi ginecólogo de cabecera, director de la Clinica Imar de Murcia y el que es ya, un gran amigo

– Dr. Eliseo Blanco, mi primer ginecólogo y una gran ayuda a la hora de tomar algunas de las decisiones sobre mi enfermedad

Por último, quiero terminar con una frase que me dijo una amiga que conocí en un crucero:

“A los que el señor no le manda hijos, el demonio le manda maletas”

Yolanda Riquelme Marcos
Paciente diagnosticada de Endometriosis Severa Grado IV

Yolanda ha ayudado a muchas mujeres con endometriosis con su testimonio. Con él, muchas pacientes se sienten identificadas y conocen mejor esta enfermedad que se presenta entre el 8% y el 15% de las mujeres.

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